lunes, 27 de abril de 2009

Ladrones de bicicletas


Esta semana se proyectará el filme de Vittorio De Sica, Ladrones de bicicletas, ícono del cine italiano.


Un texto recuperado para esta ocasión, a proposito de esta película:


Neorrealismo
Sumario
1. Características, precursores y primeros indicios
2. La influencia de Zavattini
3. Obras y autores
4. Los últimos resplandores

1. Características, precursores y primeros indicio

El movimiento conocido como neorrealismo aparece en Italia en torno a la segunda guerra mundial. Su principal característica es que representa la vida de cada día, a mitad de camino entre relato y documental, muchas veces con personajes de la calle en vez de actores profesionales. La escasez de medios y la falta de platós disponibles después de 1944 obliga a rodar en las calles, a ambientar los largometrajes en escenarios auténticos. Esto se convierte en una suerte de sello del neorrealismo, que de tales aparentes limitaciones extrae una inusitada carga testimonial.Otro rasgo sobresaliente es que el acento se desplaza del individuo a la colectividad, con visible predilección por una narración de tipo coral. Por último, aunque no menos importante, destaca el lúcido análisis de los hechos, con una crítica abierta a la crueldad o a la indiferencia de la autoridad constituida.La acepción de "nuevo" realismo surge de la necesidad de subrayar el carácter en verdad inédito de la corriente. Porque algunas connotaciones realistas aparecían ya en películas italianas de la época muda, como "Perdidos en la oscuridad (Sperduti nel buio)" (1914) de Nino Martoglio o "Assunta Spina" (1915) de Gustavo Serena, y ciertas obras de Blasetti (sobre todo "Tierra madre (Terra madre)" y "1860", respectivamente de 1931 y 1934) ambicionaban dar una idea del país menos ideal y adornada que la que pretendía el régimen.Aunque la discusión teórica del movimiento fue inesperadamente acogida por las revistas "Cinema" (nacida en el 36 y desde el 38 dirigida por Vittorio Mussolini) y "Bianco e nero" (aparecida en 1937 y llevada durante casi quince años por Luigi Chiarini), las señales de un cambio inminente no se concretan hasta la aparición de algunas obras como "Cuatro pasos por las nubes (Quattro passi fra le nuvole)" (1942) de Alessandro Blasetti y "Los niños nos miran (I bambini ci guardano)" (1943) de Vittorio De Sica. Con una madre soltera, una esposa adúltera y un marido suicida como protagonistas, disuelven la forzosa y forzada capa de decoro y pundonor que caracterizaba a la cinematografía del Ventennio.De quebrar definitivamente aquellos esquemas se ocupa Luchino Visconti con "Obsesión (Ossessione)" (1943), tórrida versión junto al río Po de "El cartero siempre llama dos veces (Il postino suona sempre due volte)" de James M. Cain. Irrumpe aquí en las pantallas, por fin, una Italia verdadera, habitada por la miseria y la desocupación, vejada por una policía fisgona y persecutoria. Pasión, traición y muerte son los hilos de una historia contada sin fingimientos ni temores. La censura se alza una vez más y la película sufre -sobre todo en el norte de Italia- problemas de distribución. Pero la senda hacia un cambio de época ya ha sido abierta.

2. La influencia de Zavattini

Antes de adentrarnos más en este tema, nos parece obligado citar a Cesare Zavattini (Luzzara, 1902 - Roma 1989), figura importante en la historia general del cine italiano y fundamental en el ámbito del neorrealismo. Ya en 1935, desde las columnas de la revista "L'Italiano", Leo Longanesi afirmaba: "hay que bajar a la calle, a los cuarteles, a las estaciones: sólo así podrá nacer un cine realmente italiano". Pero es Zavattini quien plasma esta intención en una suerte de manifiesto teórico que va delineándose gradualmente a lo largo del tiempo.En efecto, el concepto del neorrealismo encuentra su razón de ser en la denominada teoría zavattininana del seguimiento, que consiste en filmar lo cotidiano yendo detrás de personajes escogidos entre la gente común. La cámara se pone al servicio de lo real y lo capta, convirtiendo los hechos normales del día a día en una historia.Esta actitud ya se manifiesta en el primer guión de Zavattini, escrito para "Darò un milione" (1935) de Mario Camerini. Aunque presentada casi a la manera de un cuento, la atención al mundo de los humildes y a la autenticidad de los sentimientos marca la diferencia con las temáticas de la dictadura.Con el pasar del tiempo el discurso se afina en varias películas, como "Avanti c'è posto..." (1942) de Mario Bonnard, "Cuatros pasos por las nubes (Quattro passi fra le nuvole)" (1943) de Alessandro Blasetti, "Los niños nos miran (bambini ci guardano)" (1943) y "La puerta del cielo (La porta del cielo)" (1945), las dos últimas dirigidas por Vittorio De Sica. Con él Zavattini establecería una fecunda colaboración, cuyos magníficos resultados mencionaremos más adelante.Con frecuencia más autor de las películas que los propios directores, Cesare Zavattini es un personaje único e irrepetible de la cinematografía italiana: luchador y generoso, realizó una constante labor de investigación que produciría benéficos efectos en autores y obras venideros. Su explosiva sinceridad y su coraje intelectual todavía se echan en falta hoy en día, a casi tres lustros de su desaparición.

3. Obras y autores

Puede decirse que el acta de nacimiento del neorrealismo es la presentación de "Roma ciudad abierta (Roma città aperta)", rodada con grandes limitaciones (por ejemplo, utilizando película muda y muchas veces caducada) entre 1944 y 1945 por Roberto Rossellini. La experiencia dolorosa de la guerra, el trauma de la ocupación y el espíritu de la resistencia encuentran aquí una eficaz representación, si bien con algún tinte populista-melodramático. El impacto es igualmente enorme y abre el camino a todas las grandes obras del trienio siguiente.En "El limpiabotas (Sciuscià)" (1946), Vittorio De Sica muestra el daño causado por la experiencia bélica en el ánimo de los más débiles, los niños del proletariado. Con "Paisa (Paisà)" (1946), Rossellini da vida - en seis episodios de guerra y resistencia - a un fresco estilísticamente nervioso y fragmentado de la Italia estremecida del 44. En "Caza trágica (Caccia tragica)" (1947), Giuseppe De Santis recurre a modos espectaculares y novelescos para ambientar en el norte de Italia una agitada historia de bandidos y campesinos, tocada por un soplo épico-hollywoodiano.Más tarde, mientras Rossellini cruza las fronteras para contar en "Alemania año cero (Germania anno zero)" (1948) la deriva moral de un país que se explicita en el suicidio de un niño, De Sica ofrece en "Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette)" (1948) - con la historia de un hombre común que no se resigna a la desocupación forzosa - la atendible pintura de un país suspendido entre esperanzas y frustraciones. Al mismo tiempo, en "La tierra tiembla (La terra trema)" (1948) Visconti relee con maestría y actualiza en clave marxista "Los Malavoglia (I Malavoglia)" de Verga, y De Santis recorre con la celebérrima "Arroz amargo (Riso amaro)" (1949) su vía personal hacia el cine popular-realista, llevando a las últimas consecuencias ciertas intuiciones gramscianas al mezclar valores sociales y melodrama, instancias progresistas y una explosiva carnalidad.En tanto, la Historia sigue su curso: las elecciones de 1948 rubrican la clara derrota de la izquierda, relegada a la oposición tras el paréntesis post-resistencia. El clima cultural, por ende, empieza a cambiar: se inicia así el lento pero inexorable ocaso de la experiencia del neorrealismo, que producirá aún otra floración antes de marchitarse para siempre.

4. Los últimos resplandores

Con la instauración de un gobierno moderado de impronta filoestadounidense, la solidaridad posbélica se rompe definitivamente: mientras el gran capital vuelve a afirmarse, vientos de conservadurismo soplan vigorosos por el país. La política cultural tiende a un optimismo de fachada, la exposición de las penurias de un pueblo vencido comienza a ser vista con fastidio por el poder.Lo descubre a sus expensas Vittorio De Sica, quien -ya objeto de polémicas por obras precedentes- es atacado por "Umberto D." (1952), lúcida y rigurosa descripción de la misérrima soledad de un jubilado. Se lo acusa de presentar un cuadro demasiado impiadoso de la vida cotidiana, los jóvenes políticos democristianos que comienzan a hacer carrera claman a voces por un rayo de sol.Exhortaciones superfluas, porque los cineastas ya advierten la estructura neorrealista como una camisa de Nesso y se buscan otros derroteros. El citado De Sica, por ejemplo, comienza una carrera internacional muy favorable en lo económico pero discontinua en lo artístico, en cualquier caso inferior a la de antaño.Más compleja es la trayectoria de Luchino Visconti: tras "Bellísima (Bellissima)" (1951), epítome y superación crítica del neorrealismo, con "Senso" (1954) se encamina hacia un realismo burgués expresado en tonos de melodrama, firmando un trabajo magistral pero alejado de los registros expresivos de su trilogía anterior.En cuanto a Rossellini, su devenir es el más difícil de clasificar: con "Stromboli" (1950), "Europa 51" (1952) y "Te querré siempre (Viaggio in Italia)" (1953) parece inclinarse hacia un fideísmo pesimista, desemparentado de la confianza en la Historia y de las instancias progresistas. Por su parte, Giuseppe De Santis alcanza en "Roma, ore 11" (1952) sus mayores alturas, con un retrato colectivo en femenino de fuertes matices sociales y políticos.A estas horas, el neorrealismo puede considerarse agotado. Su lección resultará de un valor incalculable para el cine Italiano, que pocas veces - quizás sólo en los primeros años 60 - volverá a plasmar con tanta verosimilitud los cambios sociales en curso.

Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette)

La película, considerada el mejor trabajo de Vittorio de Sica, está basada en la novela Ladri di biciclette de Luigi Bartolini. El guión fue escrito por Cesare Zavattini. Roma, 1948: la ciudad no es el mero escenario, sino una protagonista más de la historia.Devastada por la guerra, acaba de empezar su lento camino hacia la reconstrucción. Estamos en Val Melaina, extrema periferia con nuevos edificios habitados por familias pobres, en las que la guerra ha dejado las heridas sociales más profundas. Antonio Ricci, obrero y padre de familia, tras un largo periodo de paro consigue un trabajo como cartelero municipal, pero para realizarlo necesita una bicicleta, y la suya está empeñada en el montepío. Rescata la bicicleta a costa de las sábanas de su casa, que su esposa María le entrega con la esperanza puesta en el futuro sueldo. Sin embargo, en cuanto pega el cartel cinematográfico de Rita Hayworth, dos majaderos se la roban. Comienza así una triste peregrinación por Roma en compañía de su pequeño hijo Bruno. Lo único que obtiene es la indiferencia general; primero en la comisaría, donde los agentes tienen cosas más importantes en la cabeza que encontrar la bicicleta de un pobretón; después en Piazza Vittorio y Porta Portese, humildes mercadillos donde cada uno se apaña como puede. La búsqueda continúa por las calles de una ciudad atiborrada y apática. Antonio entra en una iglesia persiguiendo a un pobre viejo, con la esperanza de obtener información sobre su bicicleta. Durante la misa, una señora con sombrero y velo blanco reparte con aire de suficiencia bonos para comer. El deambular sumiso se va haciendo desesperado. Frente al estadio, Antonio decide robar una bicicleta pero la multitud lo persigue y lo apresa. Sólo las lágrimas de Bruno evitan que termine en la cárcel. Antonio y Bruno caminan derrotados mientras la ciudad se va haciendo cada vez más oscura y hostil.




1 comentario:

Bruno dijo...

como andan?
la foto del portal? la que se vé arriba... pertenece a la primera pelicula de la historia??
saludos!