lunes, 11 de mayo de 2009

La carta de Groucho Marx a la Warner Bros.

Años atrás recibí una carta de mi abogado. Iba dirigida a mí, pero se la habían enviado a él. Como ves, en Hollywood nadie recibe su propio correo. La correspondencia es siempre enviada al abogado, al médico, al agente. Si uno recibe carta de su dentista, nunca le contesta. Se limita a enviarle las pocas caries que le queden, y él las empasta y se las remite a su abogado. Todo es muy confuso.
La carta de que había empezado a hablarte procedía del departamento jurídico de los hermanos Warner. Estaban muy enfadados. A lo que parece, nosotros íbamos a empezar una película llamada Una Noche en Casablanca . Cinco años antes, la Warner había producido una película con Humprey Bogart e Ingrid Bergman, llamada sencillamente Casablanca , y nos amenazaban con un proceso si insistíamos en utilizar un título que ellos afirmaban se parecía demasiado al original.
Como mi abogado no estaba en la ciudad ( se encontraba jugando a chemin de fer en la Riviera Francesa ), les escribí la siguiente carta:

Queridos Hermanos Warner:
Aparentemente, hay más de una manera de conquistar una ciudad y de conservarla en propiedad. Por ejemplo, hasta el momento en que nos dispusimos a hacer esta película, no tenía ni idea de que la ciudad de Casablanca perteneciese en exclusiva a los hermanos Warner. Sin embargo, sólo pocos días después de hacer público nuestro proyecto, hemos recibido vuestro largo y amenazador documento legal, advirtiéndonos que no usemos el nombre de Casablanca. Por lo visto, en 1471, Fernando Balboa Warner, vuestro tatarabuelo, mientras buscaba un atajo para ir a Burbank, fue a parar a las costas de África y, alzando su bastón de alpinista (que más tarde trocó por cien acciones de la compañía), las llamó Casablanca.
No acabo de comprender vuestra actitud. Incluso aunque proyectéis reestrenar vuestra película, estoy seguro de que el espectador vulgar tendrá tiempo suficiente para aprender a distinguir a Ingrid Bergman de Harpo. Yo no sé si podría, pero desde luego me gustaría intentarlo.
Afirmáis que poseéis Casablanca y que nadie más puede utilizar ese nombre sin vuestro permiso. ¿Qué me decís también de " Hermanos Warner " ? ¿ También lo tenéis en exclusiva ? Probablemente, tenéis derecho a utilizar el nombre de Warner, pero, ¿y el de Hermanos ? Profesionalmente, nosótros éramos Hermanos mucho antes que vosotros. Realizábamos jiras (sic) como Los Hermanos Marx cuando la Vitaphone no era más que un sueño en la mente del inventor, e incluso antes que nosotros ha habido otros Hermanos: los Hermanos Smith; los Hermanos Karamazov; y el " Hermano, ¿puede darme una perra gorda? " Originalmente se decía : " Hermanos, ¿pueden darme una perra gorda? ", pero esto representaba repartir demasiado una perra gorda, de modo que prescindieron de un hermano, dieron todo el dinero al otro y lo redujeron a " Hermano, ¿puede darme una perra gorda? "
Y ahora, Jack, pasemos a tu caso concreto. ¿Sostienes que el tuyo es un nombre original? Bueno, pues no lo es. Fue utilizado mucho antes de que nacieses. Así, de repente, me vienen a la memoria dos Jacks; existía el Jack de " Jack Matagigantes " , y " Jack el Destripador " , que en su época cortó unas cuantas figuras.
En cuanto a ti, Harry, probablemente firmarás tus cheques convencido de que eres el primer Harry de todos los tiempos y que los demás Harrys son unos impostores. Se me ocurren dos Harrys que te precedieron. Existieron Lighthorse Harry, de fama revolucionaria, y un tal Harry Appelbaum que vivía en la esquina de la calle Noventa y Tres con Lexington Avenue. Por desdicha, Appelbaum no era demasiado famoso. Las últimas noticias que tuve de él fueron que estaba vendiendo corbatas en los almacenes Weber.
Y ahora pasemos al estudio de Burbank. Creo que así es como llamáis a vuestro feudo. El viejo Burbank ha muerto. Tal vez lo recordéis. Era un gran hombre en un jardín. Su esposa decía a menudo que Luther tenía diez dedos verdes. Debió de ser una mujer muy lista. Burbank fue el mago que entrecruzó esos frutos y vegetales hasta que consiguió que las pobres plantas estuviesen tan confundidas que nunca podían decidir si debían de entrar en el comedor en la fuente de la carne o en la bandeja de los postres.
Eso no son más que conjeturas, desde luego, pero quién sabe... Tal vez los descendientes de Burbank no se sientan demasiado dichosos ante el hecho de que una fábrica de películas se haya instalado en su ciudad, se haya apropiado del nombre de Burbank y lo utilice en las portadas de sus películas. Incluso es posible que la familia Burbank se sienta más orgullosa de la patata producida por el viejo que del hecho de que de esos estudios hayan surgido películas como Casablanca o Vampiresas 1931 . Tal vez todo esto os parezca una parrafada muy amarga, pero os aseguro que no es éste mi propósito. Quiero a los Warner. Algunos de mis mejores amigos son Hermanos Warner. Incluso es posible que cometa con vosotros una injusticia y que vosotros, personalmente, no sepáis nada de esta actitud absurda. No me sorprendería en absoluto descubrir que los jefes de vuestro departamento jurídico ignoran esta disputa descabellada, porque conozco a muchos de ellos y son tipos muy agradables, con el cabello negro y rizado, con las americanas cruzadas y con un amor por sus semejantes que supera al del propio Saroyan.
Me da en la nariz que este intento de impedirnos la utilización del título ha sido idea de algún picapleitos tonto que realiza su aprendizaje en vuestro Departamento Jurídico. Conozco bien el tipo, recién salido de la Universidad, ávido de éxitos y demasiado ambicioso para seguir las leyes naturales del ascenso. Ese individuo siniestro engatusó probablemente a sus jefes, la mayoría de los cuales son tipos muy agradables con el cabello negro y rizado, con las americanas cruzadas, etc...para que trataran de atemorizarnos. Bueno, ¡ no se saldrá con la suya ! Apelaremos ante el Tribunal Supremo. Ningún aventurero jurídico creará discordias entre los Warner y los Marx. Todos somos hermanos y seguiremos siendo amigos hasta que el último rollo de Una Noche en Casablanca acabe de enroscarse en la bobina.
Sinceramente, Groucho Marx

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