miércoles, 28 de abril de 2010

Dr. Insólito

• "¡No se peleen aquí dentro!, esto es la sala de guerra" - El presidente de los Estados Unidos a un general americano y al embajador ruso.
• "La mayor y mas insidiosa arma de los comunistas: ¡El flúor!" - El general Jack D. Ripper al teniente Mandrake.
• "Os tengo dicho que no hagaís bromas con esto" - El capitán Kong a sus hombres.
• "¿Dimitri puedes bajar la internacional?"
• "Por lo que más quieras Dimitri: ¡No te pongas histérico ahora!"
• "Sacaré fuera esa bomba... ¡Aunque tenga que usar un abrelatas!" - El capitán Kong a sus hombres.
• "Mein Führer! ¡Puedo caminar!"
Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb,
Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba (Hispanoamérica)
¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (España)
Dr. Insólito (México: video)





¿DE QUÉ SE TRATA?

Estamos en la Guerra Fría. Los malvadísimos soviéticos han desarrollado el arma del juicio final, con la cual la Humanidad entera podría ser arrasada. De manera paralela, el comandante de una base aérea perdida en algún lugar de Yankilandia ha decidido enviar a todos sus bombarderos a echarle una peinadita radiactiva al territorio soviético. Todo parecía ser un ejercicio de rutina, pero lo que no saben es que el militar en cuestión tuvo la genial ocurrencia de pensar por sí mismo en vez de obedecer órdenes, y esos pensamientos lo llevaron a considerar que sus ideas sobre la estrategia soviética para provocarle impotencia a través del envenenamiento del agua, son verdaderas. Y que la mejor manera de evitar eso y volver a recuperar sus preciados fluidos corporales, es utilizando un resquicio administrativo para lanzar un ataque nuclear en toda regla sin autorización del Presidente de los Estados Unidos, y atrincherándose en su base hasta que los sovis terminen convertidos en sombras chinas contra la pared. Ahora, el Pentágono tiene tan solo unas pocas horas para evitar que el mundo entero marche hacia la Tercera Guerra Mundial, y tendrán que colaborar... ¡con los soviéticos! ...para que eso no pase...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Desde 1945 en adelante, la tensión geopolítica mundial había ido escalando. Si te llevas Europa del Este, yo meto misiles en Turquía. Si metes misiles en Turquía, yo me apodero de China. Si tomas China, yo me quedó con Indochina. Si te quedas con Indochina, te sacamos con indochinos en el trasero a ti y a tus siervos de la gleba los franchutes. Si me sacan de Indochina, armo la de Dios es Cristo en Israel. Si me siguen fregando con Israel, meto misiles en Cuba. Si metes misiles en Cuba, invado Cuba. Si invades Cuba, invadimos Alemania. Si invades Alemania, invadimos Europa del Este. Si invades Europa del Este, vuelan las cabezas nucleares. Si vuelan las cabezas nucleares tuyas, vuelan las nuestras. Bien, creo que se entiende el concepto. En 1962 estuvimos a punto: fue el año de la Crisis de los Misiles, y el año al que arribó Kevin Costner en su máquina del tiempo para investigar su futura "Trece días". Algo después, en 1964, ya plenamente consciente el cine de que había que criticar y demoler a como dé lugar a los defensores del MAD (Mutually Asegured Destruction), salieron dos películas sobre cómo el sistema de equilibrio nuclear se puede ir al demonio. Una de ellas fue "Límite de seguridad" (AKA "Punto límite" en España) de Sidney Lumet, que era la versión "seria" del tema; la otra es la presente "Doctor Insólito", que era la versión en clave de comedia negra. Aunque digámoslo con todas sus letras: es lo suficientemente negra, negrísima más bien, como para que nadie, a no ser alguien demasiado descerebrado, se ría.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es una de las más brillantes películas de Stanley Kubrick. La premisa básica puede parecer demodé, debido a que la Guerra Fría ya terminó, pero por detrás hay otra premisa aún mayor, que nunca perderá actualidad: ¿qué pasa cuando al perro bravo se le pasa la mano con su bravata, y recibe respuesta...? El incidente nuclear es desatado por un general desquiciado y obsesionado con sus fluidos corporales, pero después de ver la reacción de la plana mayor del Gobierno y los militares yankis, y del enviado más o menos plenipotenciario de los soviéticos, queda más que claro que nuestro heroico defensor de los fluidos corporales es en realidad un caso extremo de un tipo de locura psicótica delirante paranoide que está extendido a todos los niveles. Esta película es uno de los más feroces alegatos antimilitaristas en el cine de todos los tiempos, y se las arregla para presentar cuánta estupidez, demencia, imbecilidad y cretinismo hay en la defensa mesiánica y a ultranza de la patria, llegando a medios tales que terminarán por destruir esa misma patria a la que tanto dicen venerar.

-- Es literalmente, una película obscena. La película tiene una fotografía terriblemente fría y objetiva, lo que acentúa el clima gélido de la misma, pero al mismo tiempo, tiene una enorme cantidad de chistes sexuales. No se necesita tener el cerebro en demasiada putrefacción para ver que en la peli al menos, lanzar la bomba atómica es un orgasmo. Los militares que intervienen son todos impotentes o tienen algunas extrañas perversiones sexuales (¿no es fálico acaso sentarse encima de la bomba para arrojarla, como si se estuviera montando en un rodeo tejano?), y mientras más nazis, tanto peor (en ese sentido, el Doctor Insólito es de antología). Y el gran final, con la explosión nuclear acompañada de una sensual canción francesa al mejor estilo de Edith Piaf, es literalmente un orgasmo que estalla (ya, vale, conté el final, pero aún así véanla que vale la pena, ¿OK?).

-- Es puro Stanley Kubrick. Aún no rodaba sus cintas más clásicas ("2001: Odisea del espacio" o "La naranja mecánica"), pero ya era bien visible el tono frío y arcangélico de sus producciones posteriores. Pero no incurría (todavía) en ese feo vicio kubrickiano de alargar indefinidamente las tomas sólo para que se viera más poético (¡era manera segura de cargarse "Barry Lyndon", y lo hizo igual!).

-- Peter Sellers. Desempeña nada menos que TRES roles en esta película, y lo hace de tal manera que es casi imposible reconocerle entre uno y otro, si no es con previa advertencia. El más normalito de ellos es el Presidente de los Estados Unidos, que como único civil estadounidense en toda la película, es la voz de la sensatez y la razón. Pero también es el lugarteniente que trata de detener a como dé lugar a su superior jerárquico, el tipejo ése de los fluidos corporales (lo repito harto para dejar clara la idea), con trucos y salidas que parecen una especie de borrador de su personaje más célebre, el Inspector Clouseau. Y finalmente está su papel más grande y delirante, con el cual está apenas cinco míseros minutos en pantalla, y por los cuales, si no hubiera hecho nada más, se hubiera inmortalizado sin remedio: el Doctor Insólito. Este inválido ex nazi es por sí misma una de las más pirotécnicas actuaciones que ha entregado el cine jamás, y su delirante plan eugenésico nazi para preservar la raza humana (especialmente los estadounidenses, como Raza Superior) es de antología. Hay que ver cómo le brillan los ojitos al general que interpreta George C. Scott cuando descubre que dentro del plan tendrá una decena de concubinas para él solo (y uno puede preguntarse si la actuación del generalmente extraordinario George C. Scott es así de buena, o si de verdad está entusiasmado el actor de sólo pensarlo).

-- Aunque no es una película para reirse, hay algunos chistes cargados de ironía y mala leche. No puedo dejar de mencionar el diálogo inicial en el cual el general interpretado por George C. Scott es llamado de urgencia al Pentágono para resolver la crisis, y como está en el baño, contesta su secretaria y amante, que se pone muy cariñosa TAMBIÉN con su interlocutor de la línea telefónica... O la pelea que se desata cuando el embajador ruso trata de aprovechar la crisis para tomar algunas fotitos del interior del lugar, que es resuelta por un diálogo salvaje del Presidente: "¡Caballeros, no pueden ustedes pelear aquí! ¡Este es el Cuarto de la Guerra!".

IDEAL PARA: ¿Reirse? No. ¿Angustiarse? Un poco. ¿Cuestionarse un par de cosas sobre el mundo y sus demonios? Sí, definitivamente sí.

http://cine9009.blogspot.com/2008/01/doctor-inslito-1964.html


Dr. Insólito o: cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba 28 Noviembre 2007
Posted by María Bertoni in Cine.
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El título Dr. Insólito o: cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba es tan largo como Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo pero jamás se atrevió a preguntar. Aunque transcurrieron ocho años entre una y otra película, da la sensación de que ambas pertenecen a una misma época, cuando los títulos extensos solían anticipar cierta intención de sátira social.
Mirar la película de Stanley Kubrick cuatro décadas después de su estreno es un ejercicio enriquecedor por varios motivos. Primero, porque permite pensar en la evolución de un director que se permitió abordar distintos géneros y temáticas. Segundo, porque confirma que Peter Sellers fue alguien más que el alter ego del inspector Clouseau. Tercero, y quizás ésta sea la razón más importante, porque demuestra que el absurdo de la guerra siempre mantiene su vigencia.
Por supuesto, Dr. Strangelove or: how I learned to stop worrying and love the bomb -éste es el título original- alude a un contexto inexistente en nuestro siglo XXI. Sin embargo, es cuestión de acomodar un poco las piezas en función de un escenario probablemente peor en comparación con el de los años ’60.
De hecho, mientras en aquella época la locura de bombardear el campo enemigo (en ese entonces la Unión Soviética) podría haber sido obra de un loco “menor” (en el imaginario de este film, un brigadier paranoico), hoy el ataque masivo al tirano de turno (Irak) es responsabilidad de un loco “mayor”, el mismísimo Presidente de los Estados Unidos.
Basada en una novela de Peter George, la adaptación que elaboraron Kubrick, Terry Southern y el mismo George se destaca por una ironía a veces desopilante (por ejemplo, el brazo de Strangelove que se empecina en hacer el saludo hitleriano), a veces sutil (el único militar británico se apellida Mandrake), por un Sellers capaz de interpretar tres papeles distintos, y por la vehemencia con la que George C. Scott encarna al General Turgidson.
Cuarenta años después, Dr. Insólito también nos depara algunas sorpresitas suplementarias. Entre ellas, descubrir a un joven James Earl Jones entre el elenco secundarísimo o detectar cierta cualidad visionaria: por lo pronto, esta ficción de los ’60 ya mostraba a un cowboy texano mesiánico dispuesto a atacar tierras lejanas en nombre de la libertad y la democracia.
DOCTOR INSÓLITO, DE STANLEY KUBRICK
Perfil de Fernando Perales
1

Creo que nadie podría negar que el cine americano es abiertamente pro-militarista y pro-policíaco, basta para confirmar esta opinión, hojear rápidamente el siglo de historia de esa prolífica filmografía para notar las huellas de su decidido apoyo a la institución militar del país, a través de películas que muestran -de manera plena- el abanico de valores morales que se suponía que desplegaban las fuerzas armadas americanas en cada conflicto en que han participado.
Además, no hay que olvidar la “casualidad permanente” que supone que cada vez que la política norteamericana vive tiempos bélicos, las pantallas vuelvan a poblarse de filmes de guerra, donde los valores humanos y éticos de heroicos soldados son glorificados.
Este contexto y el hecho de que este film fue realizado por Stanley Kubrick en su exilio inglés, luego de su film Lolita (Lolita, 1962) y tras la definitiva ruptura con Hollywood después de la realización de Espartaco (Spartacus, 1960) -que el obsesivo director americano rechaza como propia por las modificaciones que le realizó el estudio productor- ayudan a entender mejor la crítica irreverente que encierra Dr. Insólito.

2

Buscando en el diccionario alguna palabra que me ayude a entender mejor Dr. Insólito, encuentro que iconoclasta es quien niega el culto debido a las imágenes sagradas. Los iconoclastas constituían una secta de herejes del siglo VIII que rompían imágenes de los santos y querían destruir el culto que se les tributaba.
También parodia creo que resulta útil; su definición es clara: “Dícese de una imitación burlesca de una obra de literatura o cualquier imitación burlesca de una obra seria”.
Y finalmente releo el texto fundamental para comprender el perfil político y moral del cine americano: el Código del Pudor (o Código Hays) que fue redactado en los años veinte por un jesuita norteamericano y adoptado por la M.P.A.A. (Motion Picture Association of America) para autocensurar sus propias películas. En la exposición de los motivos de su creación, el Código declara: “La película, que no debe rebajar nunca el nivel moral de quienes la ven, debe también mostrar un nivel de vida correcto (...) construir los caracteres, desarrollar el verdadero ideal, inculcar rectos principios y todo esto bajo una atractiva forma novelesca, proponiendo a la admiración del espectador hermosos tipos de carácter”. El Código especifica con toda claridad que se propone, sobre todo, convertir al cine norteamericano en un instrumento de propaganda al servicio de la democracia industrial.
Continua diciendo: “Para elevar el nivel moral y mostrar un nivel de vida correcto hace falta, en primer lugar, respetar la ley, natural o humana”. El Código prohíbe, pues, mostrar un sacerdote antipático, un policía que emplee métodos algo brutales de la violencia de tercer grado, un juez que cometa un error judicial que no se corrija inmediatamente, un mestizaje entre las razas “blancas y negras”, un linchamiento, etc. ... En realidad, el Código trata la miseria, el desempleo, los movimientos populares, la condición de las clases campesinas y obreras de la misma manera que a la sífilis o la toxicomanía, ya que, salvo dos o tres excepciones que confirman la regla, tales temas son eliminados de las películas, que solamente deben mostrar una vida regular y correcta.
Sobre estos límites resulta más sencillo contrastar el sentido político de este film de Kubrick, ya que es la negación de todos los “buenos preceptos” que rigen la ideología del cine de Hollywood.

3
Está encaminada a tratar el tema de la política militar, puesta en práctica en el período de la guerra fría, y a poner en tela de juicio la tarea de los militares que tuvieron la responsabilidad de hacerla cumplir. Doctor Insólito o cómo aprendí a no preocuparme y a querer la bomba (Dr. Strangelove: or How i learned to stop worrying and love the bomb, Stanley Kubrick, 1964) expresa que -en manos de imbéciles- se desarrolla una política que podría concluir en un círculo de paradojas, con la demostración de que esa política -considerada plenamente estructurada e infalible- es completamente inútil, pues en última instancia lleva a la autodestrucción.

4
Dr. Insólito es un film iconoclasta que tiende a resquebrajar y destruir la imagen sagrada del ejército americano y su política militar, tratando de manera irreverente el discurso ideológico que constituye las imágenes canónicas de una de las instituciones fundamentales e intocables de la cultura americana.
A través de la parodia no sólo ataca esa imagen inmaculada sino que simultáneamente critica el aparato de representación cinematográfico que construye, sostiene, fomenta y divulga dicha imagen.
La diferencia esencial entre Dr. Insólito y otras parodias, es que estas últimas sólo se ocupan de burlarse de un género cinematográfico o de una película en particular, sin llegar a formular una crítica del tema de fondo y los personajes tratados en la obra parodiada. Dr. Insólito critica no sólo al ejército sino también a la extensa serie de filmes americanos de propaganda militar, género que llegó a su apogeo en la Segunda Guerra Mundial, cuando Hollywood produjo un conjunto de películas conocidas globalmente como “¿Por qué combatimos?” cuyo fin era explicarle a la población los motivos por los cuales el país se involucraba en la guerra y que siguió reproduciéndose a lo largo de las décadas siguientes cada vez que hubo conflictos bélicos.

5

Protagonizada por Peter Sellers, quien interpreta tres personajes, Dr. Insólito relata el lanzamiento de un inesperado e injustificado ataque atómico a la Unión Soviética por ocurrencia de un general americano y el intento posterior por frenar ese ataque, que a su vez desencadena la destrucción de los Estados Unidos tras un contraataque automático de los rusos.
La crítica lograda por la parodia se basa en el modo particular de confrontar diferentes informaciones visuales entre sí, como así también en el choque entre lo que se escucha y lo que se ve, o entre lo que se espera ver y escuchar de un militar americano, según se lo ha presentado a lo largo de la historia del cine y la imagen que del mismo construye la película.
El método de contraste de las imágenes se realiza de esta manera: en primer lugar, nos presentan una imagen que dignifica, que ennoblece al personaje y sus acciones, pero que solo lo enaltece por ser la estampa que se espera observar de un militar americano; en segundo lugar, se opone a ésta una imagen que rebaja el status de la anterior, que la pisotea y la golpea de tal manera que la gran efigie del ejército, empieza a resquebrajarse poco a poco.
El principio que articula todas esas confrontaciones podría ser llamado de negación o autodestrucción. Una imagen niega a la otra, desacredita aquello que la primera afirma o condiciona la lectura de las posibles imágenes posteriores. A modo de ejemplo se puede citar la primera escena en el avión, cuando nos presentan a los pilotos que llevan la bomba. Aquí se encuentra esta metodología de negación de manera clara y evidente: la primera imagen nos muestra al piloto del avión, abocado a su tarea con la mayor seriedad y concentración y en segundo término, tras un paneo descendente, nos enteramos que en realidad, esta leyendo Playboy; en el siguiente plano, tenemos un oficial trabajando en unas planillas, cuando la cámara se mueve a la derecha, aparece otro soldado jugando a las cartas; en los siguientes planos vemos dos soldados trabajando y a continuación otro que está durmiendo una siesta.
Este principio de negación y autodestrucción no sólo es fundamental para estructurar el argumento crítico del film, sino que también es la característica esencial del sistema operativo y estratégico del ejército de los Estados Unidos frente al problema de la guerra fría. La lógica de las estrategias preparadas para el combate con los rusos, llevadas a sus últimas consecuencias conducen a la propia destrucción. Los errores de cálculo, las fallas técnicas, las paradojas en que se cierran las tácticas militares no conducen sino a la autodestrucción, como la bomba atómica norteamericana que al ser lanzada recibe como respuesta un contraataque que aniquila a todos los americanos; como el General Ripper que termina suicidándose; como el mayor Kong que cae abrazado a la bomba; como el ataque americano a la propia base. Todas muestras de este principio de autodestrucción, que en definitiva no hace más que mostrar la irracionalidad de toda la planificación estratégica.

6

Como dijimos, Dr. Insólito extrae su potencia crítica de un juego de confrontaciones que se establece entre:

1. la información visual y la auditiva;
2. las informaciones visuales entre sí;
3. aquello que es esperable de un militar americano y lo que realmente se muestra.

La importancia de la composición o montaje de las partes sonoras y visuales, como elemento fundamental de los mecanismos a través de los cuales el film se expresa, es puesta de manifiesto desde las imágenes iniciales. El relato introductorio del locutor con su registro vocal específico, le da un carácter periodístico o documental a los datos que brinda sobre las peligrosas operaciones militares secretas de los rusos, que tiende a disimular el carácter ficcional de las imágenes. El tono ceremonial y solemne del inicio es burlado por las imágenes de los títulos, en las que mezclan extrañamente música romántica y aviones que parecen amamantarse. Encontramos desde las primeras escenas indicios que comienzan a condicionar la lectura del film, creando la expectativa de que lo que está por venir podría carecer de la seriedad que debería ser propia del tratamiento del tema, enrareciendo de entrada la perspectiva futura del film. De esta manera, los preceptos estéticos del género bélico comienzan a ser alterados.
Las sucesivas intervenciones del locutor, con su aporte de datos periodísticos sobre la cuestión de la guerra fría, dibujan un fondo sobre el cual toman relieve todas las acciones posteriores. El marco de seriedad de una parte es el que permite relucir el carácter burlesco de la otra. La gravedad protocolar esperada de un film sobre el problema de un holocausto nuclear, es otra vez quebrada con la presentación de los dos primeros personajes, el General Jack el destripador y el Capitán Mandrake (Peter Sellers).
En la presentación del Gral. Ripper se deslizan pequeños comentarios absurdos que permiten vislumbrar ciertos márgenes de irracionalidad que luego se irán profundizando, con el correr de la historia. Lo primero que dice el Gral. Destripador (Ripper) es “¿Reconoce mi voz, Mandrake?”, una pregunta desubicada e inesperada en boca de un General, lo mismo que su nombre y el nombre de su inmediato subordinado, Mandrake.
Luego le informa a éste que se encuentran en alerta roja, mientras fuma un cigarro con la pose corporal del mayor hedonista, como si estuviera disfrutando de un momento de ocio. La reacción ante la gravedad de la situación que se avecina y que él mismo ha generado se encuentra completamente desdramatizada, rasgo que se pondrá de manifiesto en otras ocasiones. Éste es el primer paso dado para la construcción de una imagen deformada y pisoteada del ejército americano.
Este procedimiento se vuelve a utilizar en la caracterización de la tripulación del avión que va a cumplir la misión del ataque atómico a los rusos. Aquí el choque se da entre imágenes contrastantes.
En las tomas que presentan a los miembros de la tripulación del avión, los planos utilizados están formados por dos momentos diferentes los cuales nos brindan dos informaciones opuestas que caracterizan con gran sencillez y eficacia el perfil de la tripulación, como lo hemos demostrado anteriormente.
Lo mismo sucede en la presentación de otro de los personajes principales, el General Turgidson, encarnado por George C. Scott. El ambiente en el que es ubicado para dar su primera impresión no es el más favorable a la hora de brindarle una estampa honorable y ejemplar a un miembro del ejército americano. Nos situamos en una habitación donde vemos una chica bronceándose en algo así como una cama solar, luciendo una diminuta bikini. Lo que se podría esperar allí es cualquier cosa menos que aparezca un general del ejército americano, vestido en calzoncillo y camisa hawaiana, tal como sucede. No hay el menor interés en reconocerle honores y virtudes a los militares; por el contrario, la imagen es degradada y vapuleada por una caracterización irreverente.
Así progresa la alteración de todos los parámetros distintivos del film de guerra, en el cual la virtud y el heroísmo de sus personajes están por encima de cualquier duda y consideración; las discusiones en el Salón de la Guerra, entre el Presidente y Turgidson, las cuales desembocan en la constatación de que las estrategias planeadas para esa situación de emergencia, en el mejor de los casos son falibles e inconsistentes y en el peor, lleva a la autodestrucción de las propias fuerzas.
Otra forma de la negación se da en las repetidas ocasiones en las que un superior niega las decisiones de un subordinado y viceversa. Lo hace Mandrake cuando le pide al Gral. Ripper que dé marcha atrás en la invasión a Rusia. Todas estas negaciones no hacen más que demostrar la facilidad para tomar decisiones erradas que tienen los funcionarios encargados de decidir en tales circunstancias y que en definitiva, esto no hace más que demostrar que la plana mayor del ejército no es más que una red de insensatos que no son capaces de tomar una decisión adecuada cuando se la requiere. El síntoma de esta continua descalificación los podemos hallar cuando el Presidente de la Nación le dice a Ripper que es un sicótico, mientras Turgidson pone cara de “bueno el sistema tiene sus fallas”.
A estas se les suman los momentos de irreverencia a las figuras poderosas, por ejemplo cuando el embajador ruso le dice al Presidente Muffley, antes de pasarle el teléfono rojo, “cuidado, parece que el Premier (ruso) está borracho”. En el registro de los actos que no condicen con el protocolo de la situación, se encuentra también el diálogo entre el Premier soviético y el Presidente americano cuando éste le dice que baje la música, que no lo escucha, que es un llamado amigable para comunicarle que un subordinado de su ejército por error hizo enviar un ataque atómico a su país. A todo esto se suma la presencia del Dr. Strangelove, interpretado por Peter Sellers y su brazo ortopédico con extraños resabios de comportamiento nazi, proponiendo planes de supervivencia absolutamente absurdos y descabellados, cuya posible viabilidad a pesar de todo es puesta en discusión por la plana mayor del gobierno, como salida posible para el holocausto.

7

La idea de que toda la humanidad pudiera desaparecer en un conflicto atómico fue una de las ideas más estremecedoras y temibles que asolaron al mundo durante el siglo XX. Aquí se halla completamente desdramatizada y tratada en tono burlesco, presentando como posible la hipótesis de que por error se lance un ataque y no se lo pueda volver atrás desarticulándolo inmediatamente y todo por culpa de un demente al cual se le ha dado la responsabilidad de decidir cuestiones tan importantes.
El film explora esa posibilidad, es decir que es muy posible que haya hombres alienados en los lugares donde se tienen que decidir con la mayor inteligencia y discernimiento, cuestiones trascendentales para el mundo entero y que todos podemos ser víctimas de esos psicópatas que además han construido un sistema estratégico-militar que hace agua por todos lados, que es falible y trágicamente autodestructivo.
La música del final, cerrando el círculo iniciado por la música inicial, podría entenderse dentro de esta especie de pronóstico trágico, como si nos quisiera decir: “Nos encontraremos algún día, ya que tarde o temprano, vamos a volar todos por culpa de estos imbéciles”.
http://www.segundoenfoque.com.ar/doctor_insolito.htm




Stanley Kubrick (Nueva York, Estados Unidos, 26 de julio de 1928 – Harpenden, Hertfordshire, Reino Unido, 7 de marzo de 1999)
Filmografía [editar]
Año Título Original Título en España Título en Latinoamérica Link Imdb

1999
Eyes Wide Shut
Eyes Wide Shut Ojos bien cerrados [2]

1987
Full Metal Jacket
La chaqueta metálica Nacido para matar [3]

1980
The Shining
El resplandor El resplandor [4]

1975
Barry Lyndon
Barry Lyndon Barry Lyndon [5]

1971
A Clockwork Orange
La naranja mecánica Naranja mecánica [6]

1968
2001: A Space Odyssey
2001: Una odisea del espacio 2001: Odisea del espacio [7]

1964
Dr. Strangelove or: How I Learned To Stop Worrying And Love The Bomb
Teléfono rojo. Volamos hacia Moscú Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba [8]

1962
Lolita
Lolita Lolita [9]

1960
Spartacus
Espartaco Espartaco [10]

1957
Paths of Glory
Senderos de gloria Patrulla infernal [11]

1956
The Killing
Atraco perfecto Casta de malditos [12]

1955
Killer's Kiss
El beso del asesino El beso del asesino [13]

1953
Fear and Desire

1953
The Seafarers

1951
Flying Padre

1951
Day Of The Fight


Eyes Wide Shut - 1999
Full Metal Jacket -1987
The Shining - 1980
Barry Lyndon -1975
A Clockwork Orange -1971
2001: A Space Odyssey -1968
Dr. Strangelove Or: How I Learned To Stop Worrying And Love The Bomb - 1964
Lolita -1962
Spartacus -1960
Paths Of Glory -1957
The Killing -1956
Killer's Kiss -1955
Fear And Desire -1953

Three documentary shorts:
The Seafarers -1953
Flying Padre -1951
Day of the Fight -1951

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