miércoles, 9 de junio de 2010

texto completo para la ley del deseo

LA LEY DEL DESEO (1987)


Por Susanna Farré

http://www.miradas.net/0204/estudios/2004/05_palmodovar/laleydeldeseo.html


No me dejes
Pedro Almodóvar es hoy el director español más reconocido y aclamado fuera de nuestras fronteras. Este reconocimiento tiene probablemente mucho que ver con el evidente papel revificador del género del melodrama que Almodóvar ha ido desarrollando a lo largo de toda su carrera. El melodrama, aunque género –para muchos no merece esta consideración, al poder verse inmerso dentro de otras categorías genéricas– menospreciado y marginado por la crítica y los estudios americanos desde la década de los sesenta, ha mantenido siempre un público fiel ávido de compartir estas historias sobre personajes que viven al límite sus emociones y pasiones. Pese a ser considerado injustamente durante muchos años un género "para mujeres", demasiado sensiblero y para algunos exagerado y no correspondiente con la pretendida realidad psicológica humana, lo cierto es que el melodrama ha demostrado ser una categoría con multitud de seguidores, que tras los años de decadencia argumental y formal sufridos por la adopción llevada a cabo por parte del medio televisivo, está viendo en los últimos años un cierto resurgimiento. Almodóvar es uno de los causantes directos de ello, y desde mediados de los años ochenta, tras pasar su obra por una primera etapa que más podría tener que ver con una voluntad transgresora y renovadora de los códigos sociales y éticos recién abolidos, que con la intención de explorar el medio puesto a su alcance y el desarrrollo de elementos estilísticos más personales, ha ido dibujando lo que es uno de los mejores ejemplos actuales de filmografía de género melodramático.

No se puede dudar que este director ha realizado una de las carreras más personales y genuinas de toda la historia de nuestro cine español, y no es por azar que sean sus grandes dramas las obras que más hayan llegado al público, sobretodo el internacional. Lo que es curioso, sin embargo, es que el emcumbramiento definitivo del director se produjese a través de sus recientes obras Todo sobre mi madre (1999) y Hable con ella (2002), obras que, aún poseyendo una madurez directiva muy encomiable, no superan a mi juicio a la profundidad dramática y psicológica que destilaban las grandes películas que Almodóvar realizó a mediados de los ochenta. Me estoy refiriendo a los dos films que pueden merecer la mejor valoración en toda la filmografía del director: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) y de manera especial la espléndida La ley del deseo (1987). La primera de ellas dio muestra de que el director manchego era capaz de llevar a la pantalla historias mucho más profundas y serias de lo que habían dado muestra sus primeros films, aunque aquí el elemento humorístico seguía jugando un papel importante –era sin embargo un humor negrísimo, puesto que la hilaridad derivaba cruelmente de las desgracias sufridas por un ama de casa, Carmen Maura en una de sus mejores interpretaciones–. Tras este film, La ley del deseo vino a confirmar la extraordinaria capacidad de Almodóvar para trasladar al cine una historia plenamente melodramática.

La ley del deseo fue el primer film de Almodóvar producido por la compañía que él y su hermano Agustín habían constituído, llamada para la ocasión El Deseo,S.A., hecho que le permitió una libertad absoluta que iba a verse recompensada por el éxito y calidad de este film, así como de los sucesivos. La película fue también su obra más arriesgada, dado que en aquellos años en los que todavía se estaban digiriendo los cambios sociales derivados de la reciente transición política y económica, el gran público era aún reacio a aceptar una historia pasional homosexual con la misma empatía con la que recibía las historias de amor heterosexuales. La homosexualidad era aún un tema tabú para muchos, y por ello la película de Almodóvar jugaba a un juego peligroso, al narrar una historia de amor entre hombres renunciando al banal tratamiento humorístico que hubiera servido como recurso distanciador, pero que hubiera destruido por completo la complejidad emocional con la que el film trataba de llegar a los sentimientos del espectador. La ley del Deseo obtuvo afortunadamente el reconocimiento merecido, y la crítica empezó a fijarse en Almodóvar como en un valor a ser tenido muy en cuenta, aunque es cierto que sus películas han sido y siguen siendo mejor recibidas por la crítica extranjera que por la nuestra.

Quizás lo que haga de La ley del deseo una de las mejores obras de Almodóvar es que, además de ser su guión uno de los más sólidos escritos por el director –uno de los problemas del cine de Almodóvar es que a menudo se centra en la efectividad de situaciones dramáticas concretas, descuidando en muchos casos la homogeneidad narrativa y estructural del guión en su conjunto– se deja traslucir en su visionado una de las obras más personales del director, el cual hace presencia de manera explícita o implícita en muchas de las situaciones mostradas. Para Almodóvar hacer cine es partir de la realidad, propia o ajena, y manipularla a través de la ficción para construir una realidad diferente. Ficción y realidad son dos elementos que se necesitan mutuamente, no sólo para la elaboración de guiones, sino también para el desarrollo de la vida misma. «La ficción (...), suele actuar "como unificadora" de la realidad de los seres humanos, rellenando sus mediocridades, sus depresiones, sus espacios vacíos de contenidos. Realidad y ficción son para su sensibilidad el yin y el yan, se necesitan una a otra para existir» (1). La historia de La ley del Deseo se basa en este juego entre realidad y ficción. Su expresión directa se encuentra en el personaje principal de la historia, Pablo Montero, interpretado por un Eusebio Poncela magnífico, quien hace el papel de un director de cine y de teatro que goza de una situación profesional exitosa, pero que, por el contrario, vive una situación personal desgraciada. Pablo sufre un amor no correspondido, el que siente por Juan (Miguel Molina), un joven que se ve incapaz de amarle como quisiera. Tina, la hermana de Pablo, (Carmen Maura, de nuevo excelente) no es más feliz que su hermano, puesto que su condición de transexual, y el abandono del que fue su gran amor, su propio padre, la han imposibilitado para las relaciones con otros hombres. Cierra el cuarteto de personajes principales el joven Antonio (Antonio Banderas), un chico enamorado obsesivamente de Pablo, que está dispuesto a hacer lo que sea para retenerlo junto él, aunque para ello tenga que cometer asesinato. La ficción le sirve a Pablo como vía de escape a sus sentimientos frustrados, al igual que le ocurriría al personaje de Leo (Marisa Paredes) en La flor de mi secreto (1995) o incluso a Sor Rata (Chus Lampreave) en Entre tinieblas (1983), sentimientos que estos personajes exteriorizan por medio de la escritura sobre un papel en blanco. El tormento psicológico que viven los personajes de La ley del deseo, el drama interior que sufren, es llevado en silencio o explicado a los demás como si de una ficción se tratase, como el increíble relato que Tina le hace a su hermano amnésico sobre la realidad de su pasado. Otros elementos refuerzan la representación de este sufrimiento humano, y Almodóvar en este caso es un verdadero maestro en llevar a cabo los recursos de las películas melodramáticas clásicas que tanto le inmpactaron durante su infancia. Como dice Todd Haynes, uno de los realizadores actuales que ha reavivado el género con su magnífica Lejos del cielo (Far from heaven, 2002), «en el melodrama clásico los personajes se quedan extrañamente callados, no articulan lo que ven ni lo que aprenden. Sólo queda un espacio a llenar con música, color o movimientos de cámara» (2). Esto Almodóvar lo sabe muy bien y en sus películas la forma y sobretodo la utilización de la música desempeñan un papel expresivo de primer orden. Dos escenas se erigen como extraordinario ejemplo de ello en La ley del deseo. En la primera de ellas, Tina interpreta el papel de mujer abandonada en la versión que Pablo ha escrito de La voz humana, de Jean Cocteau. Pablo ha sido abandonado por Juan, y en la representación teatral que protagoniza su hermana se exterioriza toda la fuerza de su dolor, no sólo representada por el destrozo de la habitación y los gestos y palabras desesperados de Tina, su desolación e impotencia, sino enfatizado todo esto de manera magistral por el playback que Ada(Manuela Velasco), la niña que cuida Tina, realiza simultáneamente de la canción Ne me quitte pas, de Jacques Brel. La niña está vestida de comunión, plasmación del gusto por lo kitsh que tanto caracteriza el estilo almodovariano y canta dolorosamente la canción, moviéndose alrededor del escenario sobre una plataforma que se desplaza mediante unas guías de travelling. Otro travelling, este de movimiento inverso, es realizado por la cámara de Almodóvar, con lo que el cruce de movimientos permite recorrer lentamente todo el espacio del escenario. Es una escena maravillosa, de una fuerza dramática increible, uno de los mejores ejercicios expresivos y formales de todo el cine de Almodóvar. La música en sus películas es siempre un elemento narrativo de primer orden, un recurso que traduce a la perfección el estado emocional de los protagonistas. En este caso, la letra de Brel "No me abandones", resume no sólo el dolor de Pablo, sino también el drama de Tina y hasta el de la propia Ada, una niña abandonada por su madre (Bibi Andersen), quien contempla impertérrita desde un lado del escenario el dolor de su niña antes de abandonarla nuevamente (este tema será retomado por Almodóvar en Tacones Lejanos, 1991).

La otra escena cumbre en La ley del Deseo es la que cierra el film, en ella Pablo abraza llorando el cuerpo inerte de Antonio, comprendiendo a través de su suicidio el inmenso amor que el joven le profesaba, un amor que, aunque obsesivo y llevado al extremo, es en el fondo un amor puro, tan pasional y auténtico como el que Pablo sentía por Juan. En este caso es el bolero "Lo dudo" de Los Panchos, el encargado de ilustrar el drama emocional de los personajes. Al igual que ocurriría en la famosa secuencia del bolero de Luz Casal "Piensa en mi" interpretado por un transvestido Miguel Bosé, punto dramático culminante en Tacones Lejanos, las tristes letras de desamor de éste género musical sirven de recurso perfecto para transmitir el pensamiento de los personajes. Las canciones en las películas de Almodóvar funcionan así como una especie de voz interior de los protagonistas, una excelente exteriorización de sus dolorosos estados emocionales.

Almodóvar bordó con este film la que es probablemente su mejor creación. No sólo la solidez del guión, la excelente interpretación de los personajes y una puesta en escena impecable avalan esta afirmación. La ley del deseo fue la primera obra realmente madura y reflexiva del realizador. Muchos momentos de este film quedarán para la historia como algunos de los más memorables de nuestro cine, además de los ya citados, la inolvidable escena en la que Tina disfruta sensualmente al ser regada por un operario de limpieza en plena calle, alusión directa al famosísimo baño de Anita Ekberg en La Dolce Vita de Fellini (1960), o la secuencia inicial del film, en la que Pablo dirige en off la masturbación de un joven, escena que dio mucho que hablar en los años del estreno del film por su alto contenido explícitamente homoerótico, pero que es hoy uno de los momentos más logrados de la cinta.

Con La ley del deseo Almodóvar realizó el que es de seguro su melodrama más amargo, el que posee mayor fuerza dramática de los que integran toda su filmografía. Su visión de la naturaleza humana es triste y pesimista, en este film todos los personajes sufren un terrible drama personal, hasta el mismo policía (Fernando Guillén) del cual se comenta casi como por casualidad que una enfermedad le depara tan sólo dos meses de vida. La ley del deseo es una de las obras más redondas de todo el cine español, un ejemplo maestro de lo que con el tiempo y algunos filmes más, se confirmaría como una de las trayectorias cinematográficas más sólidas de todo nuestro cine, el estilo de un autor que, aunque no siempre sea excelente, es sin duda único en explorar los sentimientos más profundos que todos compartimos: el amor, la pasión, el deseo, la soledad, la frustración... todo aquello que hace que la vida sea en ocasiones un difícil camino a seguir.

(1) POLIMENI, Carlos. Pedro Almodóvar y el Kitsch español, Ed. Campo de Ideas, Madrid, 2004, p.28.
(2) Citado por Diego LERER en el artículo El corazón tiene sus razones, http://old.clarin.com/diario/2002/11/20/c-00611.htm.

No hay comentarios: